lunes, 7 de septiembre de 2009

EL SABOR DEL RELATO PUBLICADO

Por el bien de mi Quilmes querido y de sus vecinos, espero que la actual administración de Francisco "El Barba" Gutiérrez esté siendo razonablemente buena. Pero desde Córdoba me es imposible opinar con mucho fundamento al respecto.

Evaluen ustedes si es grande o chica, pero hay una mancha en la presente administración: publicaron un texto de mi autoría, "El Pincharratas de La Florida," en La Hoja.

Para quienes no viven en Quilmes, aclaro: La Hoja es una publicación que llega a los vecinos junto con la tasa de alumbrado, barrido y limpieza. En ella, como es de esperar, se informa todo lo que hace (bien) el intendente y una agenda de actividades, espectáculos, moratorias y demás.

En la edición de agosto se innaugura una sección llamada El Barrio en la que se publicarán anécdotas y recuerdos de los quilmeños relacionados con su cervecero terruño.

El puntapié inicial de la sección no podría ser peor. Pero lo bueno de que arranque con un texto mío es que, inevitablemente, la próxima entrega será mucho mejor.

Falsas modestias aparte (si no pongo que es falsa modestia mi psicólogo me va a pelar la espalda a latigazos), quiero agradecer al Subsecretario de Comunicación Social, Alejandro García por mostrarse interesado en el texto y a mi amiga Mariela por acercárcelo.

Si el cielo existe, y si es que se fue para allá, El Tola debe estar puteando porque en mi texto sugerí que vivía con cara de orto. Pero gracias, a él también, por haber contribuido a la escenografía de buena parte de mi vida.

En algo quiero dejar tranquilos a los quilmeños: mi participación en La Hoja no les costó ni un centavo. Hubiera sido suficiente motivo para iniciarle un juicio político al intendente, al obispo y al gobernador.

También quiero aclarar que el error de tipeo que contiene el texto tiene un único responsable: yo.

Otra cosa: no fui yo quien escribió los numeritos que aparecen en el recuadro "importe a pagar".

Si quieren pueden ver el pdf del número mencionado aquí.

O leer mi relato a continuación (en versión completa, sin la pequeña reducción solicitada por cuestiones de espacio por la gente de La Hoja):

EL PINCHARRATAS DE LA FLORIDA

Soy floridense de alma. Eso es más profundo que ser quilmeño. Es más al oeste.

Viví 29 años en Villa La Florida. Tenía la calcomanía azul con bordes blancos, pegada en la ventana de mi casa, que decía: LA FLORIDA.

Villa La Florida. La del Sanjo (Instituto San José Obrero), la del 263, la del Dr. Oller, la del Dr. Sifres, la de la quinta Los Tilos donde el mismísimo grupo Virus se concentró para preparar los shows de mayo de 1986 para su disco "En Vivo".

Compré toda mi vida el pan en La Alondra y me hice de Boca gracias a los helados Laponia que Roberto del Bar Universal me regalaba a modo de bautismo de hincha mientras oía los cantitos de su loro Hugo Orlando y veía pasar a Fernando con su barba, sus "dreadlocks" y sus atados de vaya a saber qué. Y en ese bar trabajé, como trabajé en Mejorsil.

Como el resto de los varones del 7˚ C de 1981 fui monaguillo de San Jorge, con Bobbio como DT. Les juro que puedo recitar la lista de varones de ese séptimo, sin la asistencia de ningún machete, como los viejos que se acuerdan la alineación de un equipo de fútbol que vieron en su juventud: Albornoz, Boffelli, Bruno, Coronel, De los Santos, De Luca, Fernández, González, Herrera, Paterak, Peralta, Ruiz Díaz, Solís, Telaina. Ya se nos fue José Ernesto. En 4˚ se nos había ido Gustavo Cantero.

Hice cola para el teléfono público de los bomberos, miraba desde la 844 a ver si estaba el Mercedes verde del viejo de Adrián, jugué al fútbol en El Laga, en El Ciclón, en La Paco (potreros de tierra dura y apelmazada), al paddle en la 844 y 880 y al rugby al lado del caserón de La Florida, la quinta que le dio nombre al barrio.

Los eucaliptus de la 844 en el primer tramo desde Camino, los taxis negros del Cruce (un Falcon y un Siam), el mural de Aníbal cruzando los Apeninos, el buzón de la 844 y 876, el antiguo surtidor del viejo Couto al que su hijo soñaba con restaurar con el logo de Shell original, de vidrio.

Me sacaba las foto carnet en Ricordi, compraba pintura y cueritos en Tondi, carne en Hugo, remedios en Serovic o Palopoli y frutas y verduras a los Rotman.

Voté en la 45, en la 51, jugué en la plaza frente a la 40 y pesqué en los zanjones de la parte de atrás del cuartel central de la caminera. Nunca pude dejar de mirar las perforaciones en el frente de aquella casa, que creo que era de los abuelos de Claudia Sirito, que dejó el ataque del ERP a ese cuartel en 1975.

Hace 11 años que casi no piso esos pagos, corríjanme si la pifio en algo.

De entre todos esos recuerdos llenos de polvo y telarañas, una noche se me vino uno en particular (que trajo atados a todos los demás): en el Cruce Solano había un kiosco de golosinas y cigarrillos, pero también de diarios y revistas. Al lado de lo que alguna vez fue Matako's, que simulaba con cemento estar construido con troncos. Años de esperar el 178 (C) para ir a lo de mi tía de Valentín Alsina, el 159 o el Río de la Plata para ir al centro o "la costera" para ir a la Universidad de Lomas. Y ahí estaba el kiosco Pincharratas. Pintado de riguroso rojo y blanco, con leyendas diversas, pero, especialmente destacados, se leían los años de las consagraciones en la Libertadores. Tricampeones, decía, y enumeraba: 1968, 1969, 1970. De chico era irresistible pasarme el tiempo mirando ese frente, las letras, los dibujos de las copas. Y la cara del dueño (el Tola), ya viejo, despachando sin que se le caiga medio gesto de simpatía. Creo que en una época inclusive me dio algo de miedo pedirle que me venda un Tatín o un Capitán del Espacio. El frente, si mal no recuerdo, estaba coronado por un escudo de chapa. Las revistas estaban en un exhibidor de madera verde contra la medianera de Matako's y los diarios sobre un banco, con planchas de hierro encima para que las tapas no se vuelen con el viento.

Fuera de Boca y la Selección, mis mayores emociones futboleras pasan por ver cómo les ganan a equipos brasileños. O a River, claro. Aquella noche toda la emoción estuvo del lado de Estudiantes. Y mientras Verón levantaba la copa Libertadores me acordaba de los colectivos que perdí leyendo las tapas de las revistas y los diarios de Pincharratas.

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